los sentimientos del alma

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Un consejo

Escrito por coia 22-02-2007 en General. Comentarios (0)
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Cuando yo era niña y me encolerizaba, mi abuela me decia: “Antes de gritar cuenta hasta diez”.  Era una  buena estrategia, ya que al llegar a diez, no me acordaba del motivo por el cual me habia enfandado.

Con los años he mejorado esa estrategia, incorporando el uso de la respiración. Lo único que tienes que hacer es lo siguiente: cuando sientas que estás enojándote, realiza una larga y profunda inspiración, y mientrás lo haces, di para ti el numero uno. A continuación, relaja todo el cuerpo mientras espiras. Repite el mismo proceso con el número dos, y continúa hasta veinticinco. Lo que estás haciendo en este caso es limpiar la mente mediante una versión reducida de un ejercicio de meditación.

Esta combinación de contar y respirar resulta tan relajante que te será casi imposible continuar enojado cuando acabes. El incremento del oxigeno en los pulmones y el tiempo transcurrido entre el momento en que te enfadas y el instante en que acabes el ejercicio te permitirá aumentar tu sentido de la perspectiva. Esto contribuirá a que las "cosas grandes" te parezcan "pequeñeces".

El ejercicio es igualmente eficaz para trabajar el estrés o la frustración.

Siempre que te sientas un poco trastornada, ponlo a prueba.

 

Jamás acobardarse

Escrito por coia 20-02-2007 en General. Comentarios (0)

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¿Acabar con la vida, sólo porque uno no logró el amor de alguien? Existe tanta gente que nos podría hacer tan o hasta más felices que aquella persona que no correspondió a nuestro amor.

¿Acabar con la vida sólo porque le fue mal en una prueba, en un examen? Otras tantas vendrán. Cuántos fueron reprobados una, dos, tres... veces y no se desanimaron. Hoy son personas formadas y bien ubicadas en la vida.

¿Acabar con la vida sólo porque le fue mal en los negocios o tuvo iniciativas desafortunadas? Pero la vida da sus vueltas: mañana podrá "llover en su huerto", será su turno. Cuántas personas perdieron todo lo que tenían, recomenzaron, y con el pasar del tiempo, con un poco de sacrificio, se estabilizaron nuevamente.

Acabar con la vida sólo porque hubo decepciones, fracasos, frustraciones, sea lo que fuere. No, no hay razón alguna que justifique este gesto de cobardía. ¡Pues todo pasa! ¡Todo se transforma!

No eche todo a perder, lo peor ya pasó. Ahora que se está acabando la tempestad, ¿se va a desanimar?

Mire con esperanza hacia el futuro. Usted todavía puede ser muy feliz. Piense en lo mejor. Espere lo mejor. Siembre el bien. Ame bastante. Perdone más todavía. Comience a construir. Si tanta gente logra ser feliz, ¿por qué usted no lo iría a lograr? ¿Por qué desesperarse si siempre habrá un nuevo día? ¿Por qué desaparecer del mundo si es tan lindo vivir?

NUNCA ES TARDE PARA RECOMENZAR UNA VIDA

 

Leyenda: "L'escala de la donzella"

Escrito por coia 19-02-2007 en General. Comentarios (1)

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   En el pueblo de Mogente, enclavado en la hermosa y fértil huerta  valenciana, de es plendida vegetación, se ven los restos de un antiguo castillo del tiempo de los árabes, y trozos de muralla, en cuyo recinto debe de encerrarse la población en aquella lejana época. Por el pueblo corre el rió Bosquet, seco en época de estiaje. Este rió, a la entrada del pueblo corre encajonado entre dos altas montañas que presentan curiosos relieves grabados en las rocas, posiblemente producidos por la erosión de las aguas. Cada uno de estos relieves tiene su nombre y su leyenda, y es entre ellos famosa una gran “escala” ( escalera )  de grandes peldaños que labrados en la roca viva, se remontan hasta la cima de la montaña, y que los aldeanos conocen  con el nombre de la escala de la doncella.

En época del emirato árabe, en los turbulentos tiempos del segundo Abdalazis, era señor de Mogente un musulmán ilustre, guerrero valeroso, gran aficionado a la literatura, poeta y amante de la naturaleza, se llamaba Mohamed Ben Abderraman Ben Tahir. Él, vivía con su hija una maravillosa doncella, mas hermosa que las estrellas y solo comparable a  las huríes del par, su padre era lo que mas quería del mundo, por eso se preocupo de cultivar su inteligencia trayendo  al mas sabio de su tiempo, al cual tuvo que rescatar de los  almohades pagándoles una cuantiosa fortuna por el. La exquisita doncella se llamaba Fátima de los Jardines,  y había heredado de su padre la pasión por la naturaleza y para complacerla mando construir Mohamed una avanzada torre que unida al palacio por un pasadizo, se erguía como soberbia atalaya al borde del arroyo. Allí pasaba la doncella largas horas queriendo descifrar  los relieves de las rocas y contemplando el paisaje, mientras el sabio le iba enseñando, las ciencias y las letras y también en las ciencias ocultas y la hizo penetrar en los secretos de la magia, con todas aquellas enseñanzas ella llego a ser una joven  de cultivado espíritu y exquisita sensibilidad.  El padre se complacía contemplando a su hija pero a pesar de todos sus desvelos  y cuidados la doncella no era feliz; su mirada reflejaba tristeza y melancolía, ni los regalos, ni las joyas ni los desvelos de su padre le alegraban, siempre con actitud soñadora parecía contemplar el paisaje. Trato de distraerla Ben Tahir llevándola a  las suntuosas cortes de Andalucía, donde deslumbraba a los árabes mas ilustres que la solicitaban por esposa, pero ella los rechazaba a todos y solo quería volver a la torre y vivir en completa abstracción. El padre preocupado decidió preguntar al sabio preceptor, quien le respondió: “Tu hija a descubierto la existencia de un palacio encantado de maravillosa riqueza a cuya entrada conduce la misteriosa escala; pero como esta no fue echa  para mortales no se puede subir por ella, yo conozco otra entrada al palacio pero es muy peligroso puede quedar allí encantada para toda la eternidad”. Ben Tahir exigió al sabio que lo llevara a el y a su hija al palacio y que si les pasaba algo le cortarían la cabeza, haciéndolo a el responsable. Aquella noche al primer canto del gallo, estaban los tres al pie de la escala, el sabio encendió una antorcha y sacando u viejo libro de magias y grimorios leyó en voz alta unos conjuros. Al terminar la página se oyó un estruendo, y el siguió leyendo impasible, al terminar la segunda pagina se oyó otro estruendo, mas profundo, y prolongado, y los dos pudieron ver una profunda grieta abierta en la montaña, al terminar la tercera pagina se rompió el molde de piedra y lentamente fue separándose las dos partes y quedo una entrada que los deslumbro por los resplandores de las columnas de esmeraldas y muros de piedras preciosas, el anciano toco un silbato y a esta señal entraron mientras fuera el sabio seguía leyendo su mágica lectura. Al cabo de una hora toco de nuevo el silbato y salieron  los dos visitantes, mientras detrás  de ellos se cerraba con un sordo rugido la montaña.

Grandes maravillas vieron en ese palacio encantado, tanto que al sabio le dieron la libertad para que se fuera a su país, solo con la condición de que les dejara su libro de magia.   Pasaron varios años de dicha para Fátima y su padre, hasta que un día terrible en el que no encontraban a la sultana por ningún lado. Ben Tahir lloraba por la desaparición de su amada hija, sus esclavas solo sabían que había salido con un siervo y que le dijo que la esperara al pie de “l’escala” hasta que ella volviera, pero por mas que espero ella no volvía. El padre al oírlo corrió como un loco y a grandes gritos llamaba a su hija. En el centro de la tierra se escuchaba el lastimero quejido de Fátima que había quedado prisionera en el interior del palacio encantado, desesperado el padre mando a todos sus siervos a demoler la montaña, pero por mas que cavaban para libertar a la doncella se estrellaban contra la roca maciza, no encontraban ni el menor hueco por donde picar, hasta que se dieron por rendidos por la fatiga. 

El padre se fue a África en busca del sabio para que le ayudara pero este estaba muy enfermo y le dijo que su hija estaría allí por toda la eternidad, y el sabio murió. El buen musulmán  con el corazón destrozado  ante el fracaso de su viaje, murió de pena poco después. Fátima de los Jardines continuo su angustioso lamento atrayendo a  los habitantes de aquellas aldeas que acudían cada noche a escucharlas conmovidos. Cada cien años aparece lujosamente ataviada descendiendo, majestuosa por la escala en espera de que algún mortal que llegue a desencantarla. Son muchos los habitantes de aquel pueblo que la han visto sin que haya llegado el feliz mortal que, siendo capaz de de librarla de su encantamiento, pueda poseerla.

 

Ral vez porque...

Escrito por coia 17-02-2007 en General. Comentarios (0)
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Tal vez porque sentí una y mil veces en mi, la debilidad humana, que me hizo morder el polvo, entonces es que me siento cercano y comprensivo de las miserias de los otros.

Tal vez porque puedo experimentar el cariño de mucha gente, entonces puedo saber que el amor existe y es grande, pues se encarna a través de esas pequeñas muestras.

Tal vez porque muchas veces me sentí perdonada, entonces pude abrir mi corazos para saber perdonar a los que me hirieron.

Tal vez porque desperdicie mucho tiempo en cosas intrascendentes,ahora, me pesa cada minuto que pierdo y valoro cada instante de esta vida que me han concedido.

Tal vez porque vi. a mi querida Patria, sufriendo los desatinos de sus autoridades, entonces comprendí que debo pensar en mis deberes cívicos.

Tal vez porque en mi hogar, nunca sobro ningún bien material, entonces ahora sé el esfuerzo que cuesta conseguirlos.

Tal vez porque vi. el heroísmo oculto de muchas personas, que lucharon  por lo que creían justo, entonces conocí el valor de los ejemplos, que dicen mas que mil palabras.

Tal vez porque , lo que leí sobre la historia del hombre, me enseño de sus grandezas y de sus miserias, entonces comprendí que dentro de nosotros, somos capaces de la ruindad o de magnanimidad.

Tal vez porque observé muchas obras inclusas, con su carga de fracaso y frustración, intuí que la constancia, es el sostén de toda obra perdurable.

Historias humanas: "Las cartas y la basura"

Escrito por coia 16-02-2007 en General. Comentarios (0)

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Durante muchos años el correo dejó de llegarles regularmente a los vecinos de un barrio. No era que sus lejanos corresponsales hubieran dejado de escribirles. Simplemente el cartero un día en que andaba muy mal, que se sentía agobiado por la monotonía de la vida, se llevó el paquete de cartas a su casa. Luego cada vez que se sentía mal raptaba el correo de los vecinos. Nadie se dio cuenta durante años. En realidad el cartero fue varias veces cambiado de recurrido y sus depresiones no eran cotidianas y tampoco duraban mucho tiempo. No obstante las reclamaciones de algunos vecinos se fueron acumulando en el escritorio del jefe de la oficina. Y un día decidió ocuparse realmente del problema. No tardó en dar con el culpable.
Los agentes de la policía que tomaron en manos la investigación se presentaron a su domicilio para arrestarlo e interrogarlo para saber cuál era el paradero de las cartas.
Al leer en el diario esta noticia me imaginé que el cartero dedicaba interminables noches a la lectura del correo robado, una especie de voyeurisme epistolar. Pensé en un hombre que había terminado por familiarizarse con los corresponsales y que quizás alguna vez tuvo el deseo de responder, o quién sabe, de conocer a los autores de las cartas. No obstante cuando los policías pudieron penetrar en su apartamento, se dieron cuenta que ninguna carta había sido violada. Las había ido ordenando por direcciones y fechas. El orden era impecable.
Pero a esta triste historia de una vana manía se le vino a juntar otra, mucho más triste y terriblemente trágica. Los policías al buscar al cartero se equivocaron de apartamento y entraron en la casa de una pareja de ancianos que vivía enfrente del cartero. Los ancianos tenían años de no sacar la basura y la venían amontonando en una pieza de su apartamento hasta llenarla por completo y luego fueron depositándola en el cuarto contiguo. Cuando los policías entraron los cuartos estaban cerrados y se sorprendieron al ver que en un rincón del salón se abultaban unas bolsas sospechosas. En ese momento pensaron que ahí se encontraban las cartas. Su sorpresa fue indescriptible cuando se dieron cuenta que se trataba de bolsas de basura. El olor era espantoso. Cuando abrieron las piezas su descubrimiento los dejó atónitos.
Ni el cartero, ni la pareja de ancianos pudieron explicar su conducta. Lo que se pudo constatar a ciencia cierta fue que durante todos esos años nunca recibieron la visita de nadie.
(Comentario de Carlos Abrego)