los sentimientos del alma

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Tiempo perdido

Escrito por coia 25-08-2007 en General. Comentarios (3)
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Es aquel en el cual no nos entusiasma ya nada,
Ni disfrutamos tampoco de nada, ni amamos a nadie.
¿Tiempo perdido?
Aquél en el cual cruzamos por un lugar o un momento,
Sin tener plenamente conciencia de ello por estar
Siempre añorando al otro tiempo: al ya muerto,
O preocupándonos por aquél que aún no ha nacido.
¿Tiempo perdido?

Aquél en el cual no se aprende ya nada,
Ni damos nada, ni esperamos nada de nadie;
aquél que construimos con mil esperanzas amortajadas

O tan sólo un intento fallido.
¿Tiempo perdido?

Aquél en el cual nos culpamos de todo, odiamos a todos
Y sufrimos de todo, permitiendo que un miedo tonto
O un abrupto enojo nos convierta en un individuo vencido.
¿Tiempo perdido?
Aquél que, de repente y sin darnos cuenta,

Ya se ha ido por guardar avariciosamente
Una espontánea sonrisa, un dulce "te quiero",

Un esperado perdón o un olvido.
¿Tiempo perdido?

Aquél en el cual decidimos guardar tras un viejo armario
El respeto a los demás o a nosotros mismos y en el que,
además, cínicamente gritamos: "¡que bien a mí me ha ido!"
¿Tiempo perdido?

Aquél que se aparece en el umbral de nuestra muerte
Y al cual le echamos la culpa de todo lo que fallamos
O de la mala suerte, en vez de reconocer que a Dios
Lo pusimos siempre de lado y en un lugar escondido.
¿Tiempo perdido?

Aquél que, tú y yo, permitamos que siga fluyendo
Sin mayor conciencia, amor o esfuerzo,
Evitando de esa forma que nuestro ser pueda
Al cien por ciento vivirlo

Mileva Maric, esposa de Albert Einstein

Escrito por coia 25-08-2007 en General. Comentarios (19)
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Pese a que el dicho señala que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, en el caso de Mileva Maric, como en el de todas las mujeres, hay que reconocer que está al lado.

La historia la cita como la primera esposa de Albert Einstein, una mujer brillante de ciencia , la primera mujer que cursó la carrera de matemáticas inscrita en el Instituto Politécnico Federal de Zurich, Suiza, donde conoció a Einstein.

Mileva Maric nació en Titel Vojvodina, Serbia, el 19 de diciembre de 1875, en una familia de terratenientes del imperio Astro-Húngaro y por los favores que los suizos le debían a su padre que era militar de carrera, Mileva pudo cursar la secundaria en Austria e ingresar al Instituto Politécnico Federal de Zurich.

No obstante, como cualquier estudiante, Mileva Maric tuvo que demostrar su capacidad intelectual en la prestigiada escuela, donde fue vigilada en forma más estricta por ser la única mujer.

Antes de presentar el examen de ingresó a la carrera de matemáticas, estudió medicina en la Escuela Federal de Berna Suiza. En 1903, ya como estudiante del Instituto Politécnico Federal, conoció a quien habría de ser su esposo Albert Einstein, ambos inician una relación académica de intercambio intelectual.

Mileva apoya a Albert en el desarrollo de sus investigaciones científicas, al aportar la parte de los cálculos matemáticos que tenían que demostrar.

Einstein y Marić tuvieron una hija antes de casarse, de nombre Lieserl, la cual se cree que fue dada en adopción, aunque su verdadero destino es incierto.

 

Más tarde, tras contraer matrimonio Mileva abandona la escuela para atender a la familia y continuar apoyando a Albert que trabajaba en la oficina de patentes de Suiza y en su tesis.

En 1904, nació el primer hijo de la pareja y Mileva atiende las labores del hogar y procura ingresos para la familia con la renta de cuartos a estudiantes porque el sueldo de Albert no alcanza para sufragar los gastos.

Seis años más tarde, con el nacimiento de su segundo hijo con problemas de salud mental, Mileva le dedica más tiempo a su cuidado. La pareja empieza a distanciarse.

Es entonces cuando Albert empieza a involucrarse con Elsa, prima de Mileva y es obligada por Albert a cumplir con una serie de requisitos para poder permanecer en el hogar conyugal, instrucciones tan crueles como:

“A. Te encargarás de que:

1. Mi ropa esté en orden.

2. Que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,

3. Que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.

B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:

1. Me siente junto a ti en casa

2. Que salga o viaje contigo.

C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:

1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello

2. deberás responder de inmediato cuando te hable

3. deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.

D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”

En público, continúan como una pareja modelo, el divorcio ocurrió en 1919. Mileva recibió el monto del Premio Nóbel y regresó a vivir a Zurich en forma modesta con sus hijos.

Algunos historiadores señalan que Einstein le entregó el monto del premio porque fue ella en realidad quien planteó las bases de la Teoría de la Relatividad y que Albert las desarrolló.

Dicha teoría se basa en la correspondencia que mantuvieron como novios y también en las declaraciones hechas por Mileva a una amiga acerca de que acababan de terminar la Teoría que haría famoso a su marido.

Tras su separación, Mileva se dedicó por entero a cuidar a su hijos y el mayor concluyó los estudios de ingeniería en la misma escuela donde se conocieron sus padres.

Mileva nunca más hizo ciencia, murió el 4 de agosto de 1948 en Zurich, Suiza en la pobreza y fue sepultada en el cementerio de Northeim Friedhof en Zurich, Suiza de donde quitaron su lápida por no pagar los impuestos respectivos.

dos enfermos

Escrito por coia 25-08-2007 en General. Comentarios (0)
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(Lo he sacado de Internet, merece la pena leerlo)

 Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas.

Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas; las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos imaginaba; la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que; estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron dais y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.

Se lleno de pesar y llamo a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.. Tan pronto como lo considero apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambia encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

 Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para anzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca.

El hombre pregunta a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo:

"Quizás solo quería animarle a usted".

Epilogo:

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar

"Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente".

Manos que oran

Escrito por coia 11-07-2007 en General. Comentarios (0)

http://coia.blogdiario.com/img/manos 

Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una Familia con 18 niños.

 

 

Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.

 

 

A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para El arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.

 

 

Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara.

 

 

Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario. Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albretch Durer gano y se fue a estudiar a Nuremberg.

 

 

Albert comenzó entonces el Peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.

 

 

Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

 

 

Cuando el joven artista regreso a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad. Sus palabras finales fueron: Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno.

 

 

Ahora puedes ir tu a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti.

 

Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenia el rostro empapado en lagrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: "No... no... no...".

 

 

Finalmente, Albert se puso de pie y seco sus lagrimas. Miro por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: No, hermano, no puedo ir a Nuremberg.

 

 

Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costo trabajo levantar la copa durante tu brindis mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel.

 

 

No, hermano para mí ya es tarde. Mas de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo.

 

Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, solo recuerde uno. Lo que es mas, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa. Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albretch Durer dibujo las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo.

 

 

Llamo a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambio el nombre a la obra por el de "Manos que oran".

 

 

La próxima vez que vea una copia de esa creación, mírela bien. Permita que sirva de recordatorio, si es que lo necesita, de que nadie, nunca, triunfa solo.

Las siete maravillas del mundo

Escrito por coia 11-07-2007 en General. Comentarios (0)
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Un grupo de estudiantes de Geografía, estudiaban las siete maravillas del mundo. Al terminó de la clase, se le pidió hacer una lista de la que ellos consideraban deberían ser actualmente la 7 maravillas del Mundo.

A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente: Las pirámides de Egipto, El Taj Mahal, El gran cañón, El canal de Panamá, El Empire State, La Basílica de San Pedro y
La Muralla China.

Mientr
as se hacía la votación el maestro notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aun su lista.

Así que le preguntó si tenía problema para terminar de hacer su elección. La muchacha tímidamente respondió: Si, un poco.

"No podía decidirme pues son tantas las maravillas”. “Bueno, dinos lo que has escrito y tal vez podamos discutirlo. La muchacha titubeo y después leyó: Creo que la sietes maravillas de mundo son: Poder tocar, Poder saborear, Poder ver, Poder escuchar. Titubeando un poco continuó: Poder sentir, Poder reír, y...Poder amar.

Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto. Son tantas las maravillosas que tenemos y no las valoramos.